Configuración Teatral de Carnestolendas (2ª parte)
Una identidad teatral no es más que la reunión de características humanas llevadas a la imitación. Esta última puede ser realista o re-imaginada (todo lo que modifique una acción original). Esto es lo que creo, no sé tú. La idea es hacer una diferenciación básica de las acciones que se realizan sobre un escenario, más allá del texto dramático, muchas veces limitante de la actuación, constituyendo un segundo texto en la representación del original.
Es este sentido “verbal” de la representación teatral, Carnestolendas busca formas distintas de representar un mismo texto. De esta forma él no se convierte en limitante (de hecho, los únicos que siempre se limitan aquí son los actores, que a veces decimos: no puedo, es difícil o simplemente no quiero) sino en sujeto potencial de representación, mediante la proyección de imágenes, la representación textual (realista) de su contenido (a través del teatro) o de su esencia (mediante el teatro o la danza). En este sentido, el texto “original” tiene vida propia, pero que puede mutar en manos de quienes lo representan. No por esto el intérprete se convierte en un pequeño Dios, sino que ocurre algo aún más mágico y casi inexpresable: a raíz de un personaje en el papel se forma otro en carne y hueso, traspasando, no a la realidad sino sólo a un plano distinto (porque no deja de ser ficción), características a la propia interioridad del actor, el cual las puede hacer muy suyas, tanto que a veces las confunde con las propias (de ahí el riesgo, la angustia). Pero además crea un pasado del personaje, no explícito en el papel, sino en su propia mente (de ahí la libertad), y agrega también la participación de su integridad, de su propia personalidad (de la cual a veces no quedan más que reminiscencias).
Sin embargo, estas cualidades carnestoléndicas, que podrían generalizarse a otros estilos de representación, se distinguen por adoptar dos conceptos fundamentales: las tradiciones del carnaval, con todo lo que ello implica (la risa, la subversión, el hiperbolismo, etc.); y los aspectos del contexto en el cual se desea representar (no olvidar que, de una otra forma, la representación sigue siendo un discurso que posee un contexto). Para nosotros es muy simple: la literatura aporta el contexto (el fondo), nosotros la forma (lo carnavalesco).
Creo que ha sido un avance, aunque poco planificado, un tanto esclarecedor de lo que queremos hacer desde hacer dos años, cumplidos hace cuatro días. Una oportunidad en que los estudiantes mostraran sus propios trabajos literarios, tanta veces escondidos entre los apuntes de estudio. Una manera de expresar la necesidad de alegría en la literatura y en el teatro. Una instancia de aprendizaje, incluso como futuros docentes, más dinámica y creativa. En fin, una forma de percibir lo que uno mismo y otros hacen y quieren, de acuerdo al área de su interés: gestión, literatura, representación.
Para terminar, CarnestolendaS, en sus dos años de vida, se puede calificar como fragmentaria, impredecible y motivadora, pero por sobre todo es una fiesta en la cual (y gracias la cual) mucho puede suceder.
















