Carlos Cociña: Universidad y Poesía

Carlos Cociña llega a la ciudad de Santiago el año 1981, fecha de publicación de su primer libro Aguas Servidas.
Su paso por la Universidad de Concepción se dio entre los años 1973 y 1980, periodo en el que permaneció como estudiante de Pedagogía en Español, en el entonces Instituto de Lenguas, actual Facultad de Humanidades y Arte.
Su trabajo más importante en esos años fue el que llevó a cabo como impulsor de revistas. En 1973 publica un número de la revista Fuego Negro, junto al poeta Mario Milanca. Al año siguiente se les une el poeta Nicolás Miquea. Los tres son los promotores de la publicación de los cinco números de la revista Envés, entre los años 1974 y 1976.

- ¿Qué importancia tuvo la Facultad de Humanidades y Arte para tu desarrollo literario?

Debo decir, entre otras cosas, que en 1973 ingresé a la Universidad de Concepción, Instituto de Lenguas, porque sentía que como parte de mi formación de poeta era fundamental conocer más literatura. En ese tiempo el ambiente estaba muy marcado por la política. Existía en el aire una efervescencia en torno a ella que inquietaba a toda la gente; en especial, a la comunidad estudiantil.
La poesía era un asunto de elite. El arte, en general, se difundía ampliamente en todos los sectores. Había mucho teatro y difusión de las artes plásticas. Se daba un gran espacio a la discusión. Este tiempo fue clave para mí, sobre todo, en torno al mundo de la literatura y la academia.
Cuando yo ingresé a esta universidad ya no enseñaban en ella los grandes íconos culturales como Gonzalo Rojas, quien fue gestor de los reconocidos Encuentros de Escritores, donde participaron los principales escritores de ese tiempo. Por otro lado, fue trascendental el estudio de las ideas estructuralistas. Había comenzado ya el llamado Boom de la narrativa latinoamericana. Profesores como Roberto Hozven, Gilberto Triviños y Marcelo Coddou nos enseñaban a autores como García Márquez, Puig y Cortázar. Lecturas que me impactaron, especialmente porque su referente principal se basaba en lo latinoamericano. En estos años conocí las obras de Octavio Paz, César Vallejo y algunos modernistas brasileños. Es decir, salíamos del ámbito de la literatura únicamente española. Esto me permitió, por un lado, desarrollar mis intereses en torno a una amplitud de perspectivas y, por otro lado, desplegó en mí una fuerte preocupación por el ámbito teórico. Puedo mencionar como uno de mis referentes, por ejemplo, a Derrida.

- ¿Es posible atribuir al Depto. de Español mismo -sus personas, sus personajes, sus lugares y circunstancias- el surgimiento de una lírica profusa y distinta?

Contribuye, efectivamente, pero en torno a la universidad. La influencia de la poética en esos años tiene que ver con la incorporación de un estudio teórico bastante fuerte, que percibíamos como estudiantes universitarios. Se nos bombardeó con una multiplicidad de referentes. Nos instruyeron en autores que iban desde Góngora a escritores japoneses. También artículos teórico-explicativos, como los de Octavio Paz, promovieron un cambio en la forma de pensamiento. A mi entender esto se dio en mayor medida en torno al Depto. de Español de la Universidad de Concepción, más que en cualquier otra universidad cercana. Creo que fue motivado porque en ella se dio la conjunción de jóvenes investigadores que desarrollaban una perspectiva crítica y no analítica. Todo esto ocurrió así hasta el año 1973. Después de esa fecha se mantuvo, pero soterradamente, lejos del ambiente público.

- Harris habla de Concepción como una ciudad-mito. ¿En qué sentido es adecuada esta afirmación, pensando, especialmente, en lo que la poesía de los poetas ha aportado a esta construcción?

Bueno, él es uno de los cuales más ha desarrollado ese tema, si bien aparece en muchos otros estudios relacionados con el análisis del elemento originario en la escritura de varios poetas, empezando por Gonzalo Rojas y su ya famoso poema Orompello. Entre ellos están Roberto Henríquez y Carlos Decap. Antes de este periodo se plasmaba la ciudad en la escritura de los poetas sólo como referente. En esos años se transforma en lo que podríamos llamar espacio literario.

- ¿Te reconoces inserto en alguna generación o grupo de poetas?

Sí, puedo decir que sí. Con la gente dedicada al ámbito literario y poético de los años ochenta. Pero tiene que ver estrictamente con un asunto de coincidencia con las circunstancias históricas. Nuestra forma de vida en la poesía se vio afectada, en unos más intensamente que en otros, por el periodo que vivíamos. Era evidente que este elemento debía trasuntar en las poéticas de cada cual, respetando su particular manera de representación.
Cabe destacar, en todo caso, que aunque nos reuníamos, resultaba dificultoso publicar debido a la represión del Golpe. Es por esta razón que los que perseveramos en la escritura publicamos después de unos diez años. El elemento de relevancia en este punto radica en que se dio a conocer nuestra poesía cuando particularmente ya estaba bastante asentada. Quiero decir con esto que la nuestra no era una forma de escritura dispersa, sino que el grado de madurez ya lo habíamos alcanzado.

- ¿Qué grupos podrías diferenciar dentro de tu generación?

Algunos me han ubicado dentro de la neovanguardia. Puede ser, pero no quiero que esta clasificación involucre hacer una especie de tabla rasa en torno a mi escritura. Dudo que mi poesía, o la de cualquier otro, pueda encauzarse en torno a ideas definitivas. Las clasificaciones son sólo un referente que puede ser válido o no.
Ahora bien, considero que en mí puede particularizarse principalmente una preocupación sobre la escritura misma. Siento un vínculo bastante fuerte hacia la escritura de Parra. Pero, a su vez, ha sido trascendental para mí la poética de César Vallejo. Por otro lado, acostumbro pensar mi escritura como proyectos literarios que deben darse en conjuntos más que en publicaciones que sólo involucren una reunión de poemas. Por esta razón, creo que es necesario tomarse un tiempo entre cada publicación.
Mi escritura involucra elementos que no son estrictamente literarios, como el cine, la ciencia y tradiciones del arte que tienen que ver con otras disciplinas. En este último tiempo ha sido especialmente importante para mi el libro De Máquinas y Seres Vivos, de Maturana y Varela. En general, podría decir que ha contribuido a mi escritura el gran interés por leer. Además, me han influenciado ciertos estudios publicados a partir de la Universidad de Chile. Me caracteriza, creo, una fuerte negación de los espacios cerrados y una inclinación hacia las visiones oníricas.

- ¿Qué recuerdas de tu paso por la Facultad de Humanidades?

No teníamos un taller literario, propiamente tal. Sin embargo, nos reuníamos en torno a relaciones de interés Carlos Cociña, Santiago, 2008en la poesía y de fraternidad. Recuerdo, principalmente, que tomábamos mucho té. También compartíamos algo de cerveza o vino, pero el té era especialmente importante. Hablábamos sobre literatura y discutíamos las obras de los autores más leídos de ese tiempo, además de compartir nuestra poesía.
Por otro lado, a pesar de la situación de aislamiento que vivía Chile, logramos mantener conexiones con gente de países como Estados Unidos y Argentina, sobre todo a través de cartas. A nivel nacional manteníamos contacto a partir de las revistas que nos enviaban. Conocimos personas, no cabe duda. A pesar de los compartimentos cerrados que conformaban la estructura social del país. Entre ellas estaban Zurita, Maquieira, Gonzalo Muñoz, Antonio Gil, Eugenia Brito, Carmen Berenguer (aunque ella publicó un poco más tarde), Rodrigo Cánovas (quien ya se había ido a realizar estudios a Santiago). Conocimos, además, a Patricio Marchant, Huneeus y Lihn. Entablamos relaciones con varios poetas de Valdivia. En definitiva entre los años setenta y ochenta, nosotros efectivamente formábamos redes, en especial en torno a revistas como Trilce, Arúspice y Tebaida, vinculadas con el quehacer literario que se daba en otras universidades del país, aunque en condiciones que hoy se considerarían precarias. No obstante, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, nosotros ingresábamos al ambiente universitario con lecturas importantes realizadas ya en el colegio. Recuerdo que a Parra lo leí en esa época de mi vida y ya me había llamado la atención.
Cabe señalar que el arte se expresaba bastante en los medios durante los años de mi juventud. Por ejemplo, se escuchaba la nueva canción chilena en las radios, asistíamos a los teatros, veíamos las grandes obras dramáticas. El escenario penquista es un excelente referente cultural en este aspecto. También lo era la Universidad de Concepción. Recuerdo que siendo adolescente pude ver en el mismo foro de la universidad Sueño de una Noche de Verano y al mismo Víctor Jara, cantando cuando aún no lograba el éxito individual que logró; eventos que me causaron un impacto a esa edad. Por lo demás, antes de ser uno de sus estudiantes, la universidad ya era un buen referente cultural para mí que tenía noción de los Encuentros de Escritores de Gonzalo Rojas, donde habían participado autores como Julio Cortázar.

- ¿Mantienes contacto con los poetas de Concepción de tu generación de esos años? ¿Quiénes? ¿Por qué?

Actualmente mis vínculos con la ciudad de Concepción se limitan a los de índole familiar y con aquellas amistades que pertenecieron al círculo que se generó en torno a la revista Posdata. Vale decir, con los poetas Tomás Harris y Carlos Decap. La relación con ellos se generó a partir de la publicación de algunos de sus poemas en dicha revista, los cuales posteriormente llegaron a formar parte del cuerpo de Aguas Servidas, mi primer libro, recientemente reeditado.

- ¿Existieron hitos? ¿Cuáles?

Me parece que debería destacar que cuando yo me hice estudiante universitario la apertura de la universidad se había vuelto amplia. Ingresaban a ella tanto hijos de obreros como de abogados. Vale decir, la apertura no tenía que ver únicamente con el ambiente literario, sino con el ámbito social. El teatro creo que cobró especial relevancia. En esos años sonaba bastante el teatro El Aleph, había surgido el TUC y tenía conocimiento de que obras sobre los obreros del carbón eran dramatizadas por los propios obreros. Puedo resumir que su componente fundamental era como un abrir mundo.

- ¿Cómo está el arte ligado a la actividad académica?

No me parece que sean disociables cien por ciento. De hecho, creo que lo fundamental en la escritura es el cuidado por la escritura misma y, a su vez, pienso que un buen poeta no debiera estar desligado del estudio literario. Es un elemento que lo enriquece.

- ¿Sientes una distinción, o sea, son distintos los estudiantes de pedagogía en español, hay algo que los caracteriza? ¿Cómo se relaciona esto con la producción poética?

No sé cómo será el panorama entre las otras pedagogías, pero pienso que la gente que entra a la universidad para estudiar literatura es muy diferente a los que lo hacen para aprender la docencia. Creo que los primeros se parecen más a los estudiantes de física. Su objetivo a simple vista no tiene demasiado sentido práctico. Es decir, quienes ingresan a estudiar literatura siempre lo hacen, en alguna medida, por gusto.

- ¿Cuál sería tu análisis del período histórico literario que viviste en la UdeC?

Horror. Sin embargo, debo decir que fue en ese periodo donde yo decidí ser poeta, me casé con la mujer que amé, tuve a mis hijos, trabajé y escribí, escribí y escribí.

- A tu parecer, ¿qué autores y que obras (del Depto.) son esenciales para entender la poesía de Concepción?

Creo que la poesía de Gonzalo Rojas debe ser considerada. De la misma manera, deben serlo los profesores Gilberto Triviños y María Nieves Alonso por sus trabajos académicos. También lo que se publicaba en el Diario el Sur de Concepción, aunque teniendo en cuenta que durante mi periodo de estudiante aquello que se oculta era mucho más fuerte que lo que se escribía libremente.

- ¿Qué crees que viene para el futuro?

No tengo idea. Pero leo mucha poesía y puedo decir que me llama la atención de lo que escriben los poetas entre veinte y treinta y cinco años es la diversidad de su escritura. El concepto de tribu se revela en su literatura perfectamente. Veo en ellos, por ejemplo, mucho Dadá. Pero, a su vez, muchos de estos escritores han revitalizado las antiguas métricas españolas como el soneto, las que les permiten igualmente hablar desde un hoy. En el pasado ese tipo de recursos estaba confinado a un tipo de escritura retrógrada.
Cabe destacar, además, el surgimiento de una fuerte influencia de lo oral.

Entrevista realizada en Santiago, el día martes 29 de julio de 2008.

Un Comentario a “Carlos Cociña: Universidad y Poesía”

  1. Hola; Aquí les dejo unos link a videos de la presentación de la reedición de Aguas Servidas de Carlos Cociña que se realizó en Santiago en agosto. La introducción de Antonio Gil: http://es.youtube.com/watch?v=7G9XxRckCv0
    La Primera parte de la lectura de Cociña: http://es.youtube.com/watch?v=-Jl6zabAAC4
    La segunda parte: http://es.youtube.com/watch?v=5z7pzY07Wpg
    Y la introducción de los editores: http://es.youtube.com/watch?v=oWtZrvFi8gg
    Aprovecho de felicitarlos por la página web, esta muy buena. Estos videos don parte de nuestro programa de Tv en Youtube: La Belleza de No pensar, ahí encontraran cientos de videos de lecturas de poesia y presentaciones de libros. Que lo disfruten.

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