Tomas Harris, el Mito y Concepción
Hace unos días, dejándome llevar por los bifurcadores senderos de la red, di con un discurso del poeta penquista (quizá no nataliciamente; pero existencialmente, sin lugar a dudas) Tomás Harris. Pronunciado en el marco del congreso: “Revisitando Chile: identidades, mitos e historias” el año 2003, Harris nos propone una lectura-visión de la urbe penquista como un “mito moderno”. Adjetivo abierto a debate, el mismo autor precisa: “me parece aún algo aventurado redefinir esta modernidad y pensar como un mito posmoderno”, a pesar de su percepción, generalizada, a mi parecer, de la profunda cercanía con esta segunda –y finalista- visión de la Historia (sí, con mayúscula).
Comenzará –situación clave para cualquier poeta- por el corte. No por el corte. Por el golpe. 1973, la torrencial vida cultural de Concepción, los míticos encuentros literarios organizados por Gonzalo Rojas, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, el Teatro Universitario de Concepción TUC, son asesinados, muertos, ametrallados, detenidos, desaparecidos.
Nuestro poeta nos señala el trampolín, el punto cero de la reconstrucción: la literatura. Desde ahí, desde la literatura de las catacumbas, surge una representación, un imaginario, un mito. No nos (no les) preocupa la exactitud de la imagen. Nos preocupa el paraíso perdido. No nos preocupa la angustia. Nos preocupa el encuentro con el otro: silenciado, reprimido, políticamente muerto. “Desarticular y rearticular la ciudad”, proceso donde la urbe deja de ser el telón para pasar a ser la metáfora fundante donde acontece la poesiá.
“Reverendo y devoto Padre; / cuando esta ciudad que tan pacientemente he construido, / cuero sobre estuco, / hueso sobre adobe, / pintura sobre carne viva”, muerte sobre verso, Historia sobre mito, podríamos agregar; como fundantes rocas de polvo de la Concepción, “me sea finalmente arrebatada, / borradas las huellas de mi mente de las calles, / por sucia, / por impensable, / por cruel, / entonces, éste, mi mundo, se irá hundiendo lentamente / en el barro” escuchamos el lamentar de Harris por la moderna tragedia de una ciudad húmeda y tambaleante, de una “Finis Terrae”. El poema, publicado en 1987 por Ediciones Sur, en el libro El último viaje, da cuenta del trabajo de mitificar a través de la poesía y la imposibilidad de hacerlo. Sucia, impensable, cruel, una Concepción dominada por las “oscuras fuerzas del mal”, una tierra yerma rociada de cadáveres, no pasa de ser la figuración de un deseo, un mito, una herida abierta desde los inmemoriales tiempos.
¿Qué posibilidades nos quedan? ¿A dónde refugiarnos?; quizás, este libro nos ofrezca la ciudad que los poetas de los ochenta crearon a punta de versos, quizás, en este libro no haya otra esperanza que aferrarse con uñas y dientes a la volátil memoria de los territorios y las personas que desde las sombras construyen y soportan la ciudad: “puede que algunas putas me recuerden”, bastión trágicamente irónico, cómicamente vital.
Les dejo un vínculo para que lean el artículo.

















Hola:
Estoy intentando contactar a Thomas Harris, fue mi profesor de literatura en la Esculea de Teatro de A U de Chile entre 1992-94. Vivo en Buenos Aires y sería genial encontrarlo.
Gracias.
disculpa la tardanza de la respuesta pero puedes escribir a tomas a alameda 651 biblioteca nacional, él trabaja ahi.
saludos.