Judith y Eleofonte de Damsi Figueroa: La reescritura del mito
En la obra de Damsi Figueroa el mito aparece y funciona como una deconstrucción, el desarme de sus partes esenciales y su vuelta a ordenar según la propia experiencia de la autora, lo vemos por ejemplo en Estatuas vendadas y también en Apocalipsis del motivo, pero con mucha más claridad en el texto que hoy nos congrega Judith y Eleofonte, el primer poemario de esta autora, publicado en 1995 por ediciones Letra Nueva.
A diferencia de Cartografía de Éter (2003, Ediciones del Temple) el segundo libro de Damsi Figueroa, que es una revisión un tanto compiladora del trabajo que la autora ya había publicado en diferentes revistas y medios digitales. Judith y Eleofonte es un texto cuyos poemas constituyen una unidad particular, narra (si se puede usar éste termino) una historia recogida también en la Biblia(1) y en una serie de mitos de las culturas mesopotámicas, de la cual podría decirse que es una versión menos refinada del mito de Ishtar, de Orfeo y de otros(2).
Varios son los temas identificables alrededor de los cuales gira este poemario. La pureza, el que más destaca dentro de estos, es transformada en esencia, en alimento tanto para la niña como para el animal, apropiándose del viejo concepto griego de Aletheia, la virtud, que no es una propiedad exclusiva del ser humano. Lo que no puede ser olvidado, a pesar de miles de años, el mito.
Los imitadores de muertes sucesivas poseen una ociosa necesidad de existir, de trascender el sinmemoria, nos dice la poeta. Judith encarna lo que no es, trasfunde a una naturaleza lastimosa como animal apaleado, sin embargo ella, la virgen ocasional, posee en su interior poderes prodigiosos. Mientras Eleofonte, la bestia, encarna una sensibilidad secreta y silenciosa, que tiene una complicidad, un pacto con el universo. Porque Eleofonte es sin duda una parte esencial de Judith. Y si bien, tanto el mito como la poeta, nos los presentan como dos seres distintos, no son sino dos manifestaciones de la misma fuerza elemental de la naturaleza, el inapelable ciclo de la vida y la muerte, que son una y no dos.
En esta deconstrucción de los arquetipos, el mito de Judith trasciende también a una mirada política, es recogido como denuncia y es transformado en arma por la autora, allí donde otros han visto una exitosa integración de elementos del psicoanálisis(3), en el sentido de nombrar las cosas inconscientes, yo veo un compromiso político de resistencia en el acto de decir lo que pocas veces se ha dicho: La mujer ha sido usada como una cosa. Y esta sentencia está enraizada en lo más profundo del pensamiento occidental (occidental y cristiano), quien, sino Judith, puede dar fe de ello.
Porque Judith es mujer y por lo tanto ha sido despojada de todos sus derechos y ha sido condenada a cubrir el rostro y a cerrar las piernas para ser amada por dios. Si ha de mantenerse sagrada, la ciega debe renunciar a los hombres y entregarse a la vida contemplativa, y la poeta la regaña… Si fuese la judía, dice, levantaría con su belleza / los templos caídos de la Tierra / Cortaría la cabeza de Holofernes / para saltar a la luz… y se lamenta porque la niña se ha vuelto vieja y reseca. Entonces, vemos al señor del delirio, Eleofonte, quien no es hombre sino animal y por tanto no pertenece a quienes la han esclavizado ni a quienes la han maldecido. Es otro, igual a ella. Como si fuese la judía.
¿Por qué es importante la pureza para la poeta? ¿Qué hay en la pureza, en la forma en que la poeta ve la pureza, que la lleva a manifestarse como una fuerza de la naturaleza? Ya que, y aquí radica a mi entender lo trasgresor de la poética de Damsi Figueroa y su deconstrucción del mito bíblico, no es venganza lo que busca la ciega. Al matar a los asirios no es vengarse lo que busca Eleofonte. Escondida en la cueva de faetón no es olvido lo que añora la niña, es el reencuentro, es labia toda, es labia entera. El espejo sutil de su pureza.
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1.- Nota aparte merece que el protestantismo haya retirado una serie de libros de la Biblia protestante conocidos como los libros apócrifos, entre los cuales está el libro de Judith, por considerarlos poco edificantes, de dudosa procedencia y condenatorios.
2.- Menos refinada o elaborada, en el sentido de las estructuras panteónicas de esas culturas, donde el viaje de los protagonistas es emprendido directamente al infierno. La Judith bíblica en cambio desciende hasta el lugar de las perdiciones, un infierno más evidente, la ciudad de los asirios, Babilonia.
3.- Teresa Muñoz Luco. Crítica a Cartografía del éter. Revista El Ermitaño, Año 2, Número 3, enero de 2004. Extraído de http://letras.s5.com.istemp.com/df240404.htm.

















Felicitaciones por este artículo de la Damsi, y por todos los artículos anteriores del señor Oscar Vidal. Su soberana inteligencia, su sencillez, su profundidad, es inusual y grata.
Saludos
Un saludo de desde mediocamino, puerto vecino, aca seguimos entrelibros, rompanla con la difusion grande que hacen.
un abrazo entre versos.
Evocarla provoca un raro placer, saber que es pasado y presente me alegra tanto. Un abrazo.
Keila.