Jorge Ojeda, El Habitante De “AKA: SOLO PARA TUS OJOS”
“Una eterna lluvia ácida me mantenía guarecido
entre las galerías de una ciudad abandonada”
Es así como el poeta Jorge Ojeda nos introduce en un espacio secreto, en una dimensión que juega entre el olvido y una visión apocalíptica del futuro. En su libro, Aka: sólo para tus ojos, el escenario se traduce en atmósferas desleídas y solitarias, habitado por seres incógnitos, propio de las narraciones de Ray Bradbury o de las películas de Tarkovsky, como Solaris y Stalker. Es una poesía más emparentada con los grandes narradores de la ciencia ficción que con antecedentes poéticos. El hablante lírico se dirige a un ella que a ratos puede devenir bestia salvaje, peste mortífera, androide o monstruo con tentáculos. El cuerpo del hombre y los objetos del mundo se comprenden como una cáscara de metal o un forro de látex. Todo parece consignarse a un universo de superficie. Lo concreto es un simple simulacro, donde el amor es fatal y la identidad un ente extraterrestre. Como vemos, el Alien de Ridley Scott puede ser tanto su referente como lo puede ser el Asterión de Borges.
Sin embargo, no es únicamente una historia de futuro. Es, también, una historia del presente, otra dimensión que proclama una tesis sobre el crimen de irrealidad en una sociedad de mercado, pornohardcords y maniáticos del ciberespacio. La identidad terrícola del hombre se ha perdido en la cultura virtual de la violencia y la fragmentariedad. El mundo es un lugar vacío, donde reina la soledad y la chatarra.
Su estructura hipertextual involucra al discurso posmoderno. Cabe mencionar la explicitación del fenómeno de la narratividad a partir de la voz de figuras emblemáticas de este pensamiento, al que Ojeda recurre repetidamente. Emplea key words al final de varios poemas y enumera los mismos de forma a-lineal, asemejando un sistema de misteriosos códigos. Los títulos y subrayados son verdaderos links. El diseño y letra de portada se asimilan a los de una calculadora. Incluso, el nombre de la editorial (Gráfica Invisible) remite indudablemente a los sentidos del texto. Existen constantes referencias terminológicas que provienen de la multimedia, la polución, el mundo científico-tecnológico y las políticas de mercado.
La historia se encuentra perfectamente delineada a partir de su contratapa. Pero entre poema y poema se colma de aristas difíciles de seguir, donde las citas de Barthes y Milán también son parte del discurso de la misma.
“(Ella) era de otro mundo, de un lejano planeta
de la constelación de Orión y hasta había adoptado el cuerpo de una
mujer fallecida en accidente…
Una intensa luz se colocó sobre ellos…
Es una de nuestras astronaves -le dijo ella-
vienen por mí”
(véase en la contraportada del libro)
El amor es, entre otras cosas, un reconocimiento entre el asesino y su víctima, entre cazador y presa. Su registro comprende un viaje en todos los tiempos de la memoria, donde los papeles suelen invertirse sin órdenes predeterminados.
















