Concepción Hispanoamericana

Dos de las condiciones que se deben considerar antes de sentarse (o pararse) a pensar “lo hispanoamericano” (sí, con ese eufemismo gramatical tan reiterado y misterioso) son la contradicción y el doble sentido. Y es que cualquier intento de definición y sometimiento a una estructura conceptual,está, desde el momento mismo de la fundación (como desde su literatura, la de la fundación y la posterior), destinada al fracaso.

Intentaremos observar como se manifiesta esta condición en la ciudad de Concepción, Chile.

Comencemos, como buenos académicos, por un análisis onomástico. «La Concepción de María Purísima del Nuevo Extremo», nombre originario de la actual “Concepción” nos revela varias cosas. Además de la evidente influencia de la teología católica, y los tintes épicos que añade la idea de “Nuevo Extremo”, observamos en la palabra “Concepción” un sintomático doble sentido. Derivada de concebir, podemos interpretarla como “quedar preñada” (en la vertiente religiosa del concepto) aunque también como “formar idea, hacer concepto de algo” (acepción propia del lenguaje filosófico y racional) [1]. Angel Rama, en su texto “La Ciudad Letrada” explica está dualidad contradictoria desde la díada Ilustración-Absolutismo:

“Aunque preparado por el espíritu renacentista que lo diseño, este modo de la cultura universal que se abre paso en el siglo XVI solo adquiriría su perfeccionamiento en las monarquías absolutas de los estados nacionales europeos, a cuyo servicio militante se plegaron las iglesias” [2]

Si vamos a la Plaza de Armas de la ciudad y nos ubicamos entre la pileta central y la Iglesia Católica podremos observar (sentir, incluso) hacia un lado, en la punta superior de la iglesia a la Virgen María de la Santidad Concepción de frente y mirando a la Diosa Ceres de la agricultura y la fecundidad (sí, de la “concepción”) en la parte superior de la pileta, en el centro de la plaza. Esta contradicción (o doble sentido) originaria se irá repitiendo sistemática y sintomáticamente en distintas dimensiones.

Concepción, ciudad universitaria y ciudad de la barbarie. La socialmente aceptada condición de “segunda ciudad del país” la ubica nuevamente en una doble situación. Por un lado,

Señalética en Tucapel con Avda. Los Carrera

Señalética en Tucapel con Avda. Los Carrera

como urbe frente a las provincias aledañas de donde acceden a ella los “forasteros” bárbaros”, pero también como provincia, frente al centro político-administrativo que es Santiago y que, de pasó, la aplasta y somete.

“Esta idea de la civilización y la barbarie aún retumba en la mentalidad de la pequeña urbe llamada Concepción, sus habitantes sienten el privilegio de ser parte del progreso, del proceso civilizatorio y miran a las grandes ciudades con deseo, porque se saben parte de una ciudad pequeña, la saben débil y demasiado cercana a la ruralidad que la acecha en cada momento” [3]

y que es fácil observar en las calles exteriores a la cuadrícula de 8 por 12 cuadras que hemos convenido en llamar centro (y que pese a todo lo que se pueda decir en torno a la validez de ese concepto geométrico, por acá sigue funcionando). El proyecto civilizador que, según Rama, se codifica en una determinada organización estructural de la ciudad, que se materializa en la actualidad en la Universidad, la cual desde su posición alejada marca su presencia y emite sus juicios; este proyecto civilizador se va amenazado, exteriormente, por su condición de provincia, por estar rodeados de “bárbaras zonas rurales” cuyos habitantes invaden su centro. Desde su provinciana condición quizá se explique, además, la visión que Giordano desliza en una antología de poesía penquista (publicada, como no, por la Universidad) en donde se muestra un Concepción “monstruo de la humedad y monstruo de la sombra” [4], como un lugar que da la espalda a su naturaleza pero se queda chica en el intento, matando toda posibilidad de vida.

En este contexto surgen las expresiones artísticas. Específicamente desde la poesía, vemos dos intentos marcados de toma de posición respecto a esta problemática. Por un lado, la metaforización de esta contradicción en el espacio de la ciudad. Pienso en la serie “Zonas de Peligro” de Tomas Harris, donde el espacio de la ciudad se muestra mortal en la lucha de esas de dos fuerzas: “y los escazos letreros de neón ocultan su única identidad: / CAMPOS DE IEXTERMIINIO” [5]. Mortífera concepción (de idea, de nacimiento, de ciudad) producto de una proyecto racionalizador violento sobre un valle en el comienzo del fin del mundo.

Por otro lado, vemos el esfuerzo de los artistas en general y en especial de los poetas de reconstruir a través de la palabra (aunque ya no de la palabra en tanto logos, sino en tanto poética) para reparar la destrucción dejada por el paso de cuadrícula y la ley por sobre la ciudad y la mente de sus habitantes (proyecto que aún quiere someter a algunos felices errores y olvidos, como el caso de la polémica por la reconstrucción de la plaza de Tomé, única que conozco que no concuerda con la lógica geométrica del común de las plazas [6]). Frente a este desafío ocurre que las condiciones de contradicción y doble sentido analizadas durante este desarrollo, se convierten en un terreno de gran fertilidad, con la tierra removida y diversos flujos alimentadores fluyendo.


[1] RAE, Diccionario de la Lengua Española - Vigésima segunda edición. Versión electrónica.

[2] Rama, Angel: “La Ciudad Letrada” p.17

[3] MUÑOZCOLOMA, Ramón: “La Barbarie como Contracultura de la Ciudad - Concepción, Chile” Rev. Escáner Cultural, Julio de 2008.

[4] GIORDANO, Jaime: “Treinta años de poesía en Concepción” Ed. Atenea, p.169.

[5] HARRIS, Tomas: “Cipango” Ediciones Documentas, Concepción, 1992. p.11.

[6] Para más información, remita a la discusión generada por Darwin Rodríguez en torno a la “remodelación de la Plaza” y su propuesta de “Plaza de Artes”.

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